Las personas que son buenas compañeras son un ejemplo a seguir, un modelo de actuación concreto que puede servir de estímulo para todos aquellos que hacen del individualismo una máxima en su vida.
El compañero se da cuenta de que recibe mucho más de lo que da cuando se anima superar los límites del yo para conectar con otro ser humano desde una relación de ayuda.
Un compañero del colegio no tiene por qué ser necesariamente tu amigo, sin embargo, eso no significa que la relación de compañerismo no sea agradable y positiva. Una buena relación de compañerismo aporta motivación a los integrantes de un equipo de trabajo y también suma autoestima.
Existen deportes que sirven para visualizar de una forma clara que el valor del compañerismo es fundamental en la consecución de metas colectivas: el fútbol es un claro ejemplo de cómo los jugadores deben de practicar la máxima de estar unidos por un objetivo común más allá de toda vanidad.
El compañerismo